Sin acceso a inteligencia, Trump pierde un activo que apenas valoró - Itemp
Sin acceso a inteligencia, Trump pierde un activo que apenas valoró

El paso del expresidente por la Oficina Oval significó una odisea a la hora de lograr que tomara en serio informes secretos que a diario se le suministraban. En privado, altos funcionarios activos y retirados de la comunidad de inteligencia, están respaldando la medida de Biden para limitar el acceso de su antecesor a información confidencial


La Casa Blanca se ha planteado prohibir al expresidente Donald Trump acceder a informes de inteligencia por la desconfianza de la administración Biden a que el exmandatario filtre información clasificada o la utilice como arma política, una decisión que comparten, con reserva, altos funcionarios activos y retirados de la comunidad de inteligencia, de acuerdo con una investigación del Proyecto Itemp.

El paso de Trump por la Oficina Oval significó para los analistas de inteligencia una odisea a la hora de lograr que el presidente tomara en serio los informes que a diario se le suministraban.

Un mes después de que Trump abandonara el poder, salen a relucir algunas sesiones de inteligencia en las que los analistas tuvieron que recurrir a artilugios como dibujos y animaciones para captar el interés del mandatario sobre un asunto clave que estaba en juego, según los relatos de un exoficial de la Casa Blanca recogidos por ITEMP.

El Resumen Diario del Presidente (PDB, en inglés) es el compendio de información y análisis secreto de alto nivel de todas las fuentes sobre temas de seguridad nacional producidos para el presidente de Estados Unidos y los miembros y asesores clave del gabinete.

Durante sus cuatros años como Comandante en Jefe varios excolaboradores de Trump admitieron el poco interés que mostraba por el PDB o cualquier informe rutinario. Al menos desde 1950, estas sesiones informativas han ayudado a los presidentes a estar lo mejor informados posible sobre los acontecimientos internacionales desde el día en que asumen el cargo.

El hecho de que por primera vez a un expresidente se le niegue acceso a material clasificado sienta un precedente que, a partir de ahora, podría aplicar sobre cualquier otro gobernante que deje la Casa Blanca, politizando, aún más, la toma de decisiones en asuntos clave para la nación, según media docena de exfuncionarios consultados que trabajaron en temas de seguridad nacional en los gobiernos de George W. Bush, Barack Obama y Trump.

“Es la primera vez en la historia que se le niega a un expresidente la información; por ese lado es un precedente desagradable. Pero como decisión, probablemente sea oportuna. El presidente Trump no ha mostrado ser muy juicioso y en eso no inspira la confianza necesaria que uno debería tener”, admitió un ex alto funcionario de la Casa Blanca que trabajó durante tres años con el expresidente, bajo condición de mantener en reserva su identidad.

A este exfuncionario no le sorprendió la decisión de la nueva administración, aunque “es algo que probablemente no fue fácil de determinar. El problema es que sienta un precedente que puede pasar factura a Biden o cualquier otro presidente cuando deje el poder”.

El próximo mandatario “puede decidir no compartir información de inteligencia a Biden como expresidente, porque simplemente tendrá 80 años y es muy mayor para estos asuntos”, advirtió.

Por el momento, la comunidad de inteligencia cumplirá con sus procesos regulares en el caso de que cualquier expresidente de Estado Unid0s, incluyendo a Trump, requiera información clasificada, dijo a ITEMP Susan Meisner, portavoz de la Oficina del Director de Nacional de Inteligencia (ODNI).

“La Comunidad de Inteligencia tiene un proceso establecido para brindar apoyo de inteligencia a los expresidentes de los Estados Unidos, y seguimos ese proceso siempre que se realiza una solicitud”, explicó Meisner.

Los expresidentes también continúan recibiendo informes, aunque son diferentes del clasificado que se le da a un presidente en ejercicio a diario. Aun así, se proporciona en parte como cortesía y en parte para los casos en los que un presidente en funciones pide consejo, de acuerdo con un informe de Julian Barnes, un reportero de seguridad nacional con sede en Washington que cubre las agencias de inteligencia para el New York Times.

El equipo de analistas de la CIA que informa a un expresidente no es el mismo que reporta a un presidente actual, escribió en un libro dedicado a los informes de inteligencia John L. Helgerson, quien fue inspector general de la Agencia Central de Inteligencia desde 2002 hasta su jubilación en 2009.

Los portavoces del expresidente Barack Obama no respondieron a ITEMP si el demócrata continuó recibiendo información de inteligencia durante los cuatro años en los que Trump ocupó la Casa Blanda, donde el republicano se dedicó a satanizar y desmontar el legado de su antecesor.

Cuando el presidente Joe Biden en una entrevista, el pasado cinco de febrero, dijo que Trump no debería acceder a información clasificada en forma de sesiones informativas citando el “comportamiento errático” del expresidente incluso antes del ataque del 6 de enero en el Capitolio, otro de sus temores expuestos fue que el republicano  pudiera revelar información sensible de manera imprudente.

En el peor de los casos, como expusieron los críticos de Trump, podría compartir la información con los acreedores de sus deudas financieras para obtener beneficios. O con el Gobierno de Rusia, al que evitó criticar y reprender cuando se trataron decisiones estratégicas en asuntos de seguridad nacional y política exterior.

Uno de los temores que tiene la actual Casa Blanca es que Trump divulgue información en público para socavarlos, un riesgo que secundan, incluso, funcionarios que trabajaron con el republicano.

“Si Trump ve que hay decisiones que socaban los intereses de los Estados Unidos, él utilizaría eso para atacar a Biden, eso es un hecho”, advirtió un ex alto oficial de la comunidad de inteligencia.

 En las primeras semanas de noviembre de 2020, cuando la victoria de Biden se consumaba tras el extenso conteo de votos y las denuncias de fraude proferidas por Trump, antiguos funcionarios de seguridad nacional y la comunidad de inteligencia comenzaron a sugerir al futuro presidente, en público y privado, que su predecesor debía perder la prerrogativa de recibir información clasificada tras dejar la Casa Blanca, el 20 de enero.

Proporcionar a los expresidentes estas sesiones informativas es en parte una cortesía, pero también porque ellos pueden seguir involucrados en asuntos importantes de la política exterior estadounidense, dijo Douglas H. Wise, un exagente de la CIA que se desempeñó entre 2014 y 2016 como subdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, no existe ninguna ley o prerrogativa que haga de las sesiones informativas a los exmandatarios un asunto obligatorio.

Silencio previo
Una semana antes de que Biden, hablando en la entrevista con Norah O’Donnell de CBS News, diera su opinión frente al tema de los informes de inteligencia, ITEMP estuvo en consultas con la Casa Blanca y miembros del Congreso tras conocer la potencial decisión del presidente de vetar la entrega de reportes clasificados a Trump, pero los portavoces de la rama ejecutiva, incluyendo el Consejo de Seguridad Nacional (CSN), retrasaron las respuestas.

Una letanía de correos electrónicos y llamadas para encontrar las razones y argumentos a esta eventual decisión del presidente Biden corrieron a lo largo de los días sin comentarios, y la historia no pudo ser publicada en un primer momento.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo a ITEMP que la solicitud de información relacionada a un eventual acceso de Trump a información clasificada, así como la que pueda ser requerida por sus excolaboradores, correspondía ser atendida por el CSN.

Días previos a que Biden hablara en televisión, ITEMP consultó a media docena de congresistas y senadores republicanos en los comités de inteligencia de ambas cámaras para conocer sus opiniones, pero ninguno de sus portavoces respondió.

La posición más contundente desde el legislativo fue del presidente demócrata del Comité de Inteligencia del Senado, el senador Mark Warner de Virginia, quien rechazó de plano que deba entregarse información sobre asuntos de seguridad nacional “a cualquiera que instigó un asalto al Capitolio de los Estados Unidos”.

“El senador Warner personalmente no está a favor de proporcionar acceso continuo a informes de inteligencia a cualquiera que instigó un asalto al Capitolio de los Estados Unidos y fue acusado por ello. Sin embargo, el Comité de Inteligencia del Senado no tiene control sobre el asunto, por lo que será el presidente actual quien decida”, manifestó un portavoz de Warner en una declaración enviada a ITEMP.

Si bien el presidente Biden no llegó a anunciar que había decidido oficialmente evitar que su predecesor recibiera las sesiones informativas, es él quien tiene la prerrogativa para negar el acceso de inteligencia a cualquier persona que elija.

Sus comentarios equivalieron a una declaración de que Trump, que durante cuatro años controló todo el aparato de seguridad de Estados Unidos, era por sí mismo un riesgo para la seguridad, como advirtió Washington Post.

Un presidente entrante no tiene no tiene la obligación de proporcionar productos de inteligencia a ningún expresidente. Un paso simple sería revocar cualquier acceso de información de inteligencia por parte de Trump.

Otra y quizá mejor opción sería aplicar estándares de adjudicación de rutina para el acceso a información clasificada. El tipo de estándar que se aplica a todos los estadounidenses antes de que se les otorgue una autorización de seguridad, escribió Wise, el subdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa.

Dibujos y pocas palabras
El Resumen Diario del Presidente es coordinado y entregado por la ODNI con contribuciones de la CIA, así como otros elementos de la comunidad de inteligencia y se ha presentado a los presidentes de Estados Unidos desde 1946.

Con la llegada del magnate neoyorquino a la Oficina Oval veteranos oficiales de la comunidad de inteligencia vieron dificultades a la hora de que Trump diera la importancia que merecían estos materiales para la toma decisiones en temas estratégicos.

En lo que coinciden algunos exanalistas de inteligencia que trabajaron con Trump, y que hablaron con ITEMP bajo condición de anonimato, es que como presidente nunca supo reconocer, aceptar, ni absorber, la inteligencia que se le daba.

“Primero, no leía, segundo, se aburría. No era un consumidor maduro, era como un niño, no tenía la atención adecuada y eso causaba problemas”, admite un exoficial de la Casa Blanca.

“En algunas reuniones -recuerda- Trump leía las dos primeras líneas y decía: ‘bueno, ¡Qué barbaridad esto! ¡Qué mal están las cosas!’ y así terminaba todo. No les prestaba atención a los temas y solo quería hablar”.

A lo largo de los años, el Resumen Diario del Presidente ha evolucionado para satisfacer las necesidades y preferencias de cada presidente y se ha ampliado para incluir más información. En 2014, este documento secreto pasó de un producto impreso a una entrega electrónica (en un Ipad) a pedido del presidente Obama.

La administración de Trump se enfocó hasta el último momento en buscar formas variadas y didácticas de presentar la información. Tanto así que su briefing de inteligencia incluía videos.

“En vez de darle un documento para leer o un briefing impreso, a Trump se le pasaban tres videos. Unos microvideos sobre el asunto en cuestión, con dibujos e imágenes, todo lo contrario, a lo que sería un briefing sobrio”, contó el exalto funcionario de la Casa Blanca.

Este oficial de alto rango que durante meses asistió a la entrega de información sensible para el presidente Trump sobre países hostiles con Estados Unidos, recuerda que “si hablábamos de un asunto clave sobre Irán y la construcción de misiles, al presidente se le mostraba era un dibujo con un misil, las flechas y líneas. Como un programa de televisión de tres o cuatro minutos para captar su atención y él absolviera la información”.

Hubo otras veces que se le exhibió información sobre Rusia, “y como él estaba orgánicamente opuesto a creer información negativa sobre Rusia, eso era inefectivo”.

Los exanalistas dijeron en privado que a veces sus preocupaciones eran cómo lograr explicar una determinada información al presidente para que pudiera aprovecharla. Llegaron a sortear, en ciertos casos, quién podía lograr tener más atención de él.

Había un grado de compresión dentro del gabinete y los oficiales vinculados a la comunidad de inteligencia de que cualquier informe rutinario o reporte especial debía ser dado por la persona que tuviera el mayor efecto o impacto sobre Trump.

La “lealtad” edulcorada con empatía fue un principio esencial que Trump se esforzó en exigir a sus principales funcionarios durante los cuatro años que estuvo en la Casa Blanca, lo cual, según su interpretación y de quienes trabajaron con él, pudiera significar una ruptura con la burocracia federal y las propias leyes.

Ese principio “trumpista” nunca encajó dentro del vasto mundo de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, la cual durante años ha evitado caer en los tentáculos de la politización, aunque con Trump se rompió este dogma.

Hubo una discusión de un asunto significativo de seguridad nacional, del que el exfuncionario de la Casa Blanca se negó a revelar detalles a ITEMP por no estar autorizado, sobre el cual el presidente Trump estaba en contra, pero el gabinete tenía otra opinión.

“La discusión se centró en escoger quién era más acertado para exponer esto y determinaron que no era un miembro del gabinete sino uno de los asistentes de un miembro del gabinete el que era más efectivo con el presidente para plantear el asunto”.

“A pesar de que esta persona externa no tenía rango y el puesto, él hizo la presentación y tuvo éxito”, admite la fuente.

Cuando la ex subdirectora principal de inteligencia nacional de Trump, Sue Gordon, escribió un artículo de opinión en el Washington Post para pedir a Biden que negara informes de inteligencia al futuro expresidente, una de sus  principales advertencias era que “ningún presidente saliente en la era moderna (de EEUU) ha insinuado o planeado convertirse en actor político inmediatamente después de dejar el cargo”. Y allí reside uno de los riesgos, según esta veterana funcionaria con 30 años de carrera.

Lo primero que la gente sabe a puerta cerrada es que a Trump la información de inteligencia poco le importó, porque él, como quiera, no la leía. “Pero la personalidad de Donald Trump es curiosa, es mañosa. Entonces, ahora que se le ha negado el acceso, sí la querrá leer, recibir”, advirtió el excolaborador presidencial.